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miércoles, 1 de agosto de 2018

Bueno me voy, hasta luego.

1 de Agosto de 2018


Aquí termina una etapa preciosa como gerocultora que me ha dado infinidad de momentos, y sobretodo, unos compañeros que valen un potosí, o dos.
Esto va a ser raro, pero dejo algunos retales de aquí y de allá, como si escribiéndolos haga que perduren por siempre.

De aquí me llevo parte de mis compañeros.
Me llevo con ellos, la libertad de habernos elegido. Porque lo mejor de trabajar con personas, son, y somos, las personas.

Me voy a permitir nombrar especialmente, la risa contagiosa de Andrea, Jenny o Isa, los ¡Paloma!, los ¡Bomati!, las tardes con MªJesús, Enrique, Tam e Isa por cualquier tres (o dos). Los piques absurdos con Lorena. El ¡Superman! de Pablo. Aquella tarde de risas por la dichosa almohada con Sonia. Ese momento ascensor con la rusa. Aquél finde en el que las familias no pararon de llamarnos, discretamente, gordas a MªJesús y a mí pero luego nos trajeron ferreros para seguir manteniéndonos "fuertes y guapas". Las tardes de baile en el 3-1 con Tam y los pasodobles de Enrique con cualquiera que le siguiese el ritmo.
El coño de la Bernarda del cuadro de la cena de navidad.
Y esa tarde de risas en el 3-1 acostando con Charo hablando de asuntos guarros y sexuales (esas cosas pasan, sí)
Los hasta luego MariCarmen de Isa. Y aunque no me acordaba(sorry) aquella tarde a lo hospital central con Andrea en el 2.1. El mongola de Sonia. Y el estoy triste porque te vas de la rusa.
Los parecidos razonables que sacaba Paloma...
Me llevo a Vicky y Clara, a Sheyla, a Paloma y alguien más, claro, pero esto empieza a ser kilométrico...
Las cervezas del meka, gordear en foster, las conversaciones interminables por whatsapps entre miles de audios a media voz, las tardes de piscineo y la súper sorpresa del día 29.
En definitiva, vuestra amistad, la empatía dentro y fuera de la resi. Lo espaciales que somos todos. Team tardes forever.

Me llevo también una parte de cada residente con el que me topado.
Me llevo las sonrisas, las lágrimas, los madre mía... El tocotoco, la galantería, la tropa, los Guillermos y el lerolero. Me llevo los ¡Por favor!, y los ¡Madreee!, los ¡Paula!, los ¡Yeeee!, los ita ita, ita. Los ¡Achoooo!, los ¿Me acuestas ya? El auxiliaaar.
Me llevo los ¡Ay Sara!, los chatica, los Sarita. El autoviajeros, el reseco de boca, el dolotil de capsula roja y la conjuntilitis.
Me llevo los ¡Mare!, los ¡Qué pesada!, los ¡De Valdefierro!, el mierda seca. Y el ¡Niña acuestate conmigo!.
Me quedo con el cara jaula, los puta, marrana, canastera, zarrapastrosa, el cara de puta y el ramera de perra gorda también.

Me llevo los: eres un sol, los ¡bonita! Aquél eres mi vida y el guapa y feliz. El tú sí que eres guapa. Y ese: la compañía es lo más bello de la casa. Y ese: ¿Tú la quieres mucho verdad?
Aquél: Migueeeel déjalo, no me ayudes, que no sabes hacer nada.
Y ese: Agustín, pues ya eres grande para hacer el payaso.
Me llevo las conversaciones y las canciones desordenadas, los bailes del verano de 2017 por el 3-1, los dibujos a media tarde.
Me llevo los ¡Espaguetis! Y el cocidito madrileño. Y a la niña que se cayó de un olivo.
Y a la pelona que está enfadada porque no le crece el pelo. Of course.

Me llevo algún adiós que dolió más de la cuenta.
Me quedo cada segundo de empatía, y con ella, también un poco de frustración.
Me llevo los besos, las sonrisas y los abrazos sin ningún por qué.
Me llevo los arañazos, los pellizcos, los guantazos y los escupitajos.
Aquél microsegundo en el que creí que una explosión de mierda iba a aterrizar en mi cara.

Me llevo una contractura mal curada, mal pagada y a la que casi casi le he cogido cariño.
Me llevo también, el conflicto interno entre las cargas y la velocidad de la vida... Y por tanto, cada minuto que con gusto, les he dado fuera del horario pagado por la empresa.

Me llevo el tiempo, que me ha hecho testigo del deterioro físico y cognitivo de muchos de ellos. A ver si, con suerte, consigo que vaya más despacio y otro auxiliar aterriza por un tres y sin volverse muy loco, descubre cómo el mundo allí tiene otro ritmo, que tiene, como otra intención.

Me llevo una parte de todo aquello que he vivido con ellos simplemente porque es mío y de ellos, de ese cajón desastre que el Alzheimer o la demencia ha convertido su memoria y guardo en el mío, para hacerlos eternos, mientras yo no me olvide de ellos.

Hoy ha sido mi último día aquí, cuidaos, para poder cuidarlos.
Os echaré de menos.
Y dejo por aquí unas fotos de parte de lo mejor que me ha dado la resi en estos casi 3 años.
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