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jueves, 23 de mayo de 2019

Va de yayos, Elvira -0-

Elvira tiene 76 años, es una mujer menuda, con el pelo rizado y cubierto de canas desde sus 41. Tanto le da. Ella se sabe guapa.

Aunque vive en Zarautz desde hace un porrón de años, es de Cantavieja un pueblo de Teruel. Y dice que es el pueblo más bonito de España y yo, como no he estado, todavía, le tengo que dar la razón a medias. Porque cualquiera le lleva la contraria.

Hace unos meses que se ha quedado viuda y para celebrar que ya se puede quitar el luto, cosas de viejas que hay que cumplir me dijo un día, ha decidido irse de viaje a nada más y nada menos que a Tenerife.

Su hijo afirma que se ha vuelto loca, ha intentado por todos los medios posibles que la incapaciten y no, Elvira no está loca, ni mucho menos.
Elvira lo que tiene son unas ganas enormes de vivir y aprovechar el poco o mucho tiempo que le quede por vivir.
Y a él le encantaría meterla a una residencia de mayores y alquilar su piso con vistas al mar en verano y no tener que trabajar en meses.

Además es que está sana como una manzana royal, no tiene nada de nada, no toma medicación, tiene más agilidad y mejor garbo que tú y que yo juntos y además, tiene un humor ácido que le permite tratar a la enfermedad y a la muerte de tú a tú, con la tranquilidad de que cuando se tenga que ir, se irá sin reproches ni peleas. Porque bastante pelea tiene ya con que su amiga Lola le reconozca cuando va a visitarle a la residencia y le invita a un café.

-¿Y qué vas a hacer en Tenerife?
-No sé, tirarme en el tobogán más grande de Siam Park.
-¿En serio?
-Probablemente, sí, claro, ¿Por qué no?
-Hombre pues no sé.

Lanzarse por un tobogán acuático, tirarse en una tirolina o incluso en paracaídas. Sentir el cosquilleo en el estómago. Cómo se le eriza la piel.

Respirar, comer helado de plátano y chocolate, sentir el frío en los dientes.
Jugar todos los días con la vida. Vivir sin prisas. Sentirse suya.