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lunes, 23 de abril de 2012

Arcoiris...



Siempre, hay nubes que se juntan para taparnos el sol y llueve, y quizá es que lloran.Y traen lluvia, que enturbia y embarra el camino, por el que cansados, hundidos en él, nuestros pies, por inercia siguen hacia delante, dejando tras de sí una secuencia de huellas.
Y quizá otro, se sientan tan feo, tan frías, que sus lágrimas lleguen en forma de granizo o de nieve, blanqueando el camino, congelando el tiempo.
Después llega el viento, un soplo de vida, llevándose cualquier sentimiento negativo, recordándoles cuál es su sitio, su función y dejan que el sol vuelva con más fuerza, con más luz, y más calor para secar el camino mojado.
Otro día, envidiosa la niebla, aparecerá para nublarnos la vista, el corazón y la razón, pero incluso ella, nos esconderá de otros factores, dándonos margen para reorganizarnos.



Y entre tanto, el cielo a veces nos deja ver el arcoiris, donde uno a uno, todos nuestros Ángeles nos recuerdan por qué caminar hacia delante, bajo la lluvia, con barro, con niebla, bajo el sol y por qué debemos pararnos a recuperar fuerzas.
Y pintan motitas de colores en el cielo gris, para decirte que están ahí, a tu lado, dándote aliento, demostrándote que al igual que tú, a veces las nubes lloran sin más. Que tu deshazón es fruto de un sol que no termina de brillar, pero que brillará. Y que si llueve sobre mojado es porque quizás estaba siendo demasiado fácil y te habías confiado.
Uno a uno, nuestros Ángeles, los pasados y los presentes, también aprietan las tuercas, porque nadie como ellos pueden ajustarnos el engranaje, para emendar errores.




Y después de todo, cuando menos te lo esperas, ha pasado la lluvia, el frío o la niebla dejando una sensación tibia, agradable y renovada, con esa estela de colores.








El sol descansa y en la noche, la luna nos trae paz, tranquilidad, un hueco a su lado donde meditar qué camino seguir y sentir sin más.
Y sentimos.


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