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viernes, 7 de diciembre de 2012

MicroRelato: Lolo

Yo siempre había sido un perro, regordete de pequeño, porque me peleaba con mis hermanos por la mejor teta, ahora lo pienso y claro, nací un poco cabrón, fueron los genes...

Mi madre me lo decía todo el tiempo: Deja un poco para los demás. Pero no, yo comía como si no existiese un mañana, y venga a comer, y venga a morder... Cuando todos estaban durmiendo yo aprovechaba ensayando posturas para parecer más grande, más fuerte y más fiero que el resto.
Un día mi padre me dio un manotazo que me dejó KO por cinco minutos ¡Cinco! No se lo tengo en cuenta pero por entonces me pillé un mosqueo grande. Otro día, dos de mis hermanos se unieron para hacerme frente, y me mordieron con tanta fuerza la cola que me la tuvieron que amputar.

A los 3 meses, 2 de mis hermanos se fueron de casa y no volví a verlos más. A los cinco meses, me fui definitivamente con la que fue mi nueva familia.
Estaba compuesta por dos humanos adultos, dos humanos niños, un periquito y dos gatos persas.

Yo ya era todo un yorkshire cabroncete de cinco meses y los tres siguientes los pasé peleándome con la humana niña que se empeñaba en usarme como un jodido pony y persiguiendo a Lucas y Freddy, los gatos. Hasta que a los nueve meses, Freddy me arañó y me mordió una oreja. Dolió y mucho, tanto que empecé a desencabronarme porque cualquiera lo volvía a intentar.

Empleaba mi tiempo de la cama al sofá y del sofá a la cama hasta que llegaba mi cena y mis tres paseos diarios.

Conservo con verdadero horror la primera vez que me llevaron a la peluquería canina, un sitio terrorífico donde una humana con cara de simpática me cogió en brazos y me metió en la bañera. Me arrancó los pelitos de los oídos, me estuvo tirando del pelo un buen rato y ¡Qué creéis! Me estvo metiendo los dedos por el culo! ¿Pero qué coño hacía esa tía conmigo? Claro, le mordí... ¡Eso no se hace! Refunfuñé ladrando.
Luego me puso encima de una mesa y un huracán de aire caliente me sacudió la cara, las patas, el lomo... Pensé que me moría cuando eso cesó y empezó de nuevo a tirarme del pelo. ¿Pero qué había hecho yo paraa merecerme eso? No era tan cabrón, estaba rehabilitandome...

A grandes rasgos, pasé mi infancia y mi adolescencia mimado por mi familia humana, tanto que me ponían jerseys cursis en invierno y en navidad, estrenaba todo tipo de complementos. Era lo que algunos humanos llaman "un yorki pijo".
En mi etapa de adulto, los humanos niños empezaron a pasar de mí, Rosa, la pequeña acabó por entender que yo no era un pony y hasta me caía bien cuando me daba de su almuerzo cuando llegaba del colegio.

Todo iba bien, dormía, comía, salía de paseo, volvía a comer, a dormir, a jugar, revolcarme en el barro cada vez que salía de la peluquería, que sí lo hacía por joder, es que el que nace cabrón, sigue cabrón... Y era lo mínimo que podía hacer después de que urgasen en mi infranqueable culito de Yorkshire...
Bueno, pues todo iba bien en mi vida de perro hasta que un humano muy gilipollas dejó su mastín español me cayese encima, ¿Sabes lo que es una muerte por aplastamiento? Yo sí y no te lo aconsejo para nada... Mejor morir de un golpe de calor, o atropellado en la autopista como ese conejo de ahí...
-Mamá, ¿Crees que Lolo se despertará?
-No lo sé hijo...
Lolo... ¿A quién cojones se le ocurrió llamarme Lolo?
Y aquí estoy, que yo reconozco que he sido un cabroncete toda mi vida, pero oye, Antón, ¿Es que acaso no ves que si muero vas a dejar que los niños se queden con un trauma de por vida? Y otra cosilla... ¿Le importaría a alguien apagar esa luz cegadora? ¿Aquí es que no usáis bombillas de bajo consumo?


2 comentarios:

  1. buenooooooooooooooooooooooooo ahora te ha dao por esto tssss

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    1. jajajajaja No he dormido siesta y claro... Me ha afectao...

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