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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Taller de Escritura CL - 4

 Aún se recordaba cómo se reía de todos esos que hablaban del fin del mundo en 2012: los mayas, los chacras, el karma, el apocalipsis zombi...
    En la oficina sólo quedaban él y Alex, su mejor amigo y compañero de sección en el periódico.  Hablaban de la comida:
- Entonces, hamburguesas de tofu y zanahorias y...¿ensalada?
- Con champiñones
    Para comer, como ya había decidido, fue al Vegan&Go, donde Jorge y Elena montaban las mesas, preparándose para el que sería un viernes ajetreado. Pidió la comida, entró a la cocina  a saludar a Lucía y Daniel y se sentó en la barra a leer el periódico.
  Todo estaba tranquilo hasta que una chica entró apestando como esa paloma que encontró muerta debajo de su cama cuando tenía 6 años, murmurando algo que no lograba entender.
  Miró hacia la cocina deseando que hubieran acabado con su pedido y salir corriendo de allí; y  salió corriendo en el momento que se vio salpicado de sangre y fue consciente de que la paloma se había cargado al capullo de Javi, un compañero al que no le hubiera importado matar a puñetazos varias veces. Por un instante se alegró.

    Llegó hasta la estación de tren de Cariñena. El regional seguía allí, con los cristales destrozados y huellas de manos ensangrentadas en los asientos. Un gato pasó por el andén con un dedo humano en la boca. Ya no sentía asco;  ya no tenía naúseas.
Encontró un kitkat y un kinder bueno en una máquina de snacks. Antes de ese día, intentaba comer lo más vegano posible, nada de lácteos, pero después de 15 días sin comer nada sólido, se resignó y siguió caminando.

Seguro se sentía cuando Elena le confirmó que esperaban un hijo. Ella tenía empleo fijo en el Vegan&Go y él subsistía escribiendo artículos para un periódico deportivo.
  Se conocieron en un pub del centro de Sevilla, un año  en que él, Javi y Alex fueron a ver un Betis-Sevilla. Ella lo dejó todo por irse a Teruel a formar parte del Vegan&Go. Parecía mentira que  llevasen 7 años en una zona donde el jamón tenía denominación de origen y triunfase como lo había hecho un restaurante 100% vegetariano.


 Entró en una cooperativa de vino. Encontró un cadáver sin cabeza flotando entre litros y litros de vino tinto y nada más. Salió.
  Aunque empezaba a llover siguió caminando, la lluvia le mantenía activo. No recordaba cuándo había aprendido a utilizar un arma.
Atravesó un campo de vid, y se sorprendió de que aún hubiesen buenos rácimos de uva.

Lucía hacía un helado de uva riquísimo. La echaba de menos; sus pizzas, sus espaguetis de calabacin, sus patés... Daría lo que fuera por una hamburguesa de soja y verduras...
Esperaba que estuvieran bien. Haber vuelto a por los perros quizá había sido una locura, pero ya no había marcha atrás.
Sentía el frío cortante de aquel invierno en que, y como si fuese la cosa más normal del mundo, viajar solo con sus perros a pie se había convertido en lo único seguro. Sólo les quedaba pan duro y si seguían así tendría que pegarles un tiro.
Encontró una casa a medio derruir, entraron y al poco se quedó dormido. Soñaba con Elena cuando el ladrido de Alice lo despertó. Una de esas cosas se asomaba por lo que quedaba de ventana. Parecía   divertirse metiendo y sacando la mano por donde antes había un cristal.
-Puto zombie de mierda -masculló entre dientes mientras se incorporaba- ¿Estás solo, cabrón? -Miró alrededor; estaba solo. Le metió una bala entre ceja y ceja y siguió su camino, con dos de los perros en brazos. Al poco encontró un coche.

    Alex era gay. Salía con Jorge desde hacía un par de años. Le costó reconocerlo y sufrió tanto en silencio como después de haber salido del armario. La última vez que lo vio llevaba la camisa rasgada, le faltaba un zapato y estaba mordisqueando la mano de una mujer.


A 5 Km de su destino se quedó sin gasolina. Siguieron caminando por la autovía hasta el puente de entrada a Botorrita.
  Un muro cortaba el camino. Gritó. Alguien se asomó desde lo alto apuntándole con un arma. Habló lo más lúcidamente que pudo. Le tiraron una escalera y se las apañó para pasar con el resto de su familia.
Por lo visto, los zombies no sabían escalar.
Se encontró con Jorge, se encontró con Lucía y, en una cueva, encontró a Raúl mamando de una teta que no era de Elena.

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