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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Va y viene...

Un día me dijeron que los amigos van y vienen y así me he encontrado hoy hablando con esa misma persona sobre eso mismo...

Empezaré siendo sincera y diré que este año he tenido que enfrentarme a una perdida dolorosa, demasiado. Se estaba convirtiendo en un tira y afloja de sentimientos, recuerdos y reproches demasiado doloroso. Tristemente descubrí que el camino se hace andando y que a mi juicio, y en este caso en concreto las palabritas se las lleva el viento...

Siempre pensé que uno mismo no elige a quien tiene al lado sino que el que tiene al lado te elige para formar parte de su vida. Y por lo visto estaba equivocada, o quizá es que es un poquito de cada...
Decidí pensar en mí misma sin dejarme influir por mi pasado y mi pasado reciente porque mi presente ya está siendo bastante jodido como para sumar peso a la mochila. Me desprendí de meses de sinrazones, de sentimientos contrariados y contrarios y omití recuerdos. Descubrí que por más lágrimas que derramase, todas acabarían en saco roto.
Decidí dejarle marchar, así sin más, y tampoco es que regresase.


Por otro lado, descubrí que hay conversaciones de unos minutos en las que expresas y te expresan mucho. Descubrí que eliges y te eligen cuando por la otra parte también te expresan y les expresas.
Que al fin y al cabo los que están, son los que son y que los que siempre creías que iban a estar, no son.
Que no importa la cantidad, sino la calidad de esos momentos y que al final, la suma de todos hacen una cantidad realmente importante de calidad.
Descubrí que la experiencia de quien te rodeas es practicamente experiencia tuya en cuanto la comparten contigo.

Y descubrí que la pantalla del ordenador no transmite la empatía, el afecto, las risas y los abrazos reales. Que puedes dialogar sobre un punto de desencuentro sin que nadie acabe herido.

Descubrí que hay quien nunca se fue, que te dejaron marchar y que esperaron tu regreso. Que respetaron tus sentimientos, tu estilo de vida, que lo aceptaron y hasta se alegraron por ello. Que su empatía esperó por ti, que sus palabras sinceras estaban dispuestas a salir y que un mal momento se puede arreglar con un concierto heavy.

Descubrí que sentada en una terraza con una horchata puede hacerte reflexionar más de lo que pensabas. Añorando no tener una referencia familiar a la altura de ciertas circunstancias. Y que hay relaciones entre miembros de una misma familia realmente envidiables.
Descubrí que la familia no es aquella en la que se nace, sino de la que se hace.


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