Social Icons

sábado, 18 de enero de 2014

Idoia: 3 Una forma distinta

Anterior: La cita

En mi casa nunca celebramos la navidad, eran unos días terriblemente odiosos, aunque con las vacaciones del cole estaba sola la mayor parte del día, de los días, mis hermanas aprovechaban para salir con sus novios, o simplemente salir. Yo me quedaba en casa, con la muñeca que mi hermana me regaló aquel día, Soledad. Todavía la conservo, no como recuerdo de una época familiar sino porque fue mi única compañía durante todo ese tiempo.

Este año, mis chicos han preparado con sus respectivos tutores una función de navidad preciosa.Y yo me he hinchado a dibujar, pintar, fotocopiar, decorar las clases, porque soy la que más huecos libres tiene. No me importa, aunque acabo agotada, en estas fechas adquiero una función autómata de paz, felicidad y buenos deseos, promesas y demás tópicos y al final acabo hasta contagiandome de su ilusión.
Llego a la redacción suplicando un café intravenoso, las ojeras se están apoderando de mi cara, empiezan a ser dos surcos grisáceos, creo que hasta me han salido canas y patas de gallo...

-Ten, green power.
-Ooooh eres un amor...-me arrepentí de haber dicho esa frase pues justo pasaban varios compañeros, aunque una de dos, o no escucharon o no le dieron importancia-.
-Están recién hechos, plátano, pera, espinaca y espirulina, 5 minutos de descanso, ¿Cómo vas? ¿Con qué estás?
-El discurso del rey, la donación de un millón de euros a causas benéficas de un magnate árabe y... ¡Oh! Nada más.-dije revisando mis posits y dedicándole una sonrisa-.
 -Te ayudo con el discurso, no tengo nada.
-¿De dónde sacas el tiempo?
-Se llama organización-se acercó a la patalla de mi ordenador, quitó el posit correspondiente ralentizando la acción, para dejarme borracha de calvin klein, sentí como se le erizaron los pelos de la nuca y un escalofrío le dejó con piel de gallina- listo. ¡Salud!- dijo entrechocando los vasos-.

Organización le faltaba a mi vida desde que la conocí a ella, que puso patas arriba todos mis chacras, había dejado el 90% de alimentos de origen animal, me había aficionado a la vida sana, 'green' lo llaman todos en esos grupos que parecen sectas joder...

Con cinco años una de mis hermanos, Patricia preparó una sorpresa para todas a escondidas de mis padres, consiguió que creyese en un hombre gordo y barbudo que entró por la ventana y dejó unos dulces para mí. Es uno de los pocos momentos felices que recuerdo de mi infancia.
Hoy en el cole hemos preparado los típicos calcetines que en cualquier película navideña americana cuelgan de las chimeneas. Yo también he hecho el mío.

Salimos pronto de la redacción y aunque estoy agotada me he dejado invitar por Laura a su casa, tenía tantísimas ganas de tocarle, de sentir el cosquilleo que el pelo de su flequillo me hace sentir en mi frente, de mirarle sin furtividad, de hablar de cualquier trivialidad, de besarle, de sentir el latido de su corazón cuando apoyo mi cabeza en su pecho mientras duerme rodeándome como si fuese un peluche...

-Te he dejado una toalla y ropa limpia, en el baño, por si te apetece ponerte cómoda.
Ella es así, y no puedo evitar no caer rendida a sus pies.

Cuando salí de la ducha, caí en el sofá como cuando un globo de agua cae al suelo y explota derramando agua por todos lados. Me acurruqué a su lado, metiendome debajo de la manta con ella. Y caí completamente dormida.
Una pesadilla me despertó de madrugada.
-Ya está... Ya. -Laura estaba como acunandome entre sus brazos-. Vamos a la cama anda.
-¿¡Eh!? Uhm...-Me levanté cual autómata, aferrada a su mano- ¿Qué hora es?
-Las tres y cuarto.

No dormí más. La abracé por debajo de su pijama y pasé mis dedos índice y corazón por la silueta de su cuerpo notando cómo cada poro de su piel se estremecía, y sus pelos se erizaban. Poco a poco fui cubriendo más territorio hasta acabar alrededor de su ombligo y entonces se giró y me encontré con sus ojos que me pedían algo más que eso.
No llevaba demasiado bien eso de ser lesbiana, pero de repente lo supe, supe qué debía de hacer, cómo debía de dejar llevarme y aquella noche no dormí más. Y aquella noche, todos esos miedos se esfumaron de golpe mientras me perdía entre cada centímetro de su cuerpo.

Antes de irme y sin que ella se hubiese despertado colgué de la barra americana el calcetin que había hecho con los peques el día anterior y salí procurando no hacer demasiado ruido.

Con el tiempo he aprendido a mantener la calma, a mostrar seguridad aunque me devoren los nervios, aprendí a querer: a mis madres, a mis compañeros de clase, en la universidad incluso salí con gente con la que no tenía nada en común, pero aprendí también a quererles porque con ellos, me sentía querida. Y no necesitaba hacerme la fuerte, me sentía fuerte.
En mi primer día de clase como psicopedagoga estaba tan nerviosa que un niño me derramó un bote de acuarela encima y no me di cuenta hasta que llegué a casa y vi la enorme mancha rosa que había en la blusa. Con el tiempo, he aprendido a ensuciarme, a implicarme, a molestarme, a alegrarme, a quererme, nunca había pensado en lo poco o mucho y de qué forma me quería.

Mi trabajo cubre la mayor parte de mi día a día y no pensaba en hombres, ni en mujeres, hasta que Laura apareció en la redacción. Los días empezaron a ser más largos que hasta entonces, y poco a poco me vi coqueteando con ella casi sin querer. Las noches eran intensas, apenas podía dormir pensando en ella.
No le daba demasiada importancia a mi vida personal hasta ese día. Pero con ella, aprendí a dejarme llevar, a volverme a ensuciar, a querer y sentirme querida de una forma completamente distinta, hasta entonces me había dejado llevar, me había ensuciado, había querido y me sentía querida como estudiante, como profesional, no como mujer. Aprendí lo que era ser fuerte y lo empecé a ser.


No hay comentarios:

Publicar un comentario