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domingo, 13 de abril de 2014

Idioa: 4 Tal y como la siento


Me gusta ir a la playa en invierno y a la montaña en primavera u otoño.
Me gustan los días de sol en invierno, de esos en los que puedes ponerte una camiseta de manga corta y salir a pasear.
Esos días en los que no cuenta el tiempo, en los que puedes pasarte las horas muertas tirada encima de una toalla en el césped de un parque cualquiera mirando al cielo, escuchando toda la vida que ocurre a tu alrededor. Esos días.
Me gustan las tormentas de verano, que dejan ese olor a mojado en el ambiente, con el viento soplando fuerte y la lluvia calando cada rayo de sol.

De pequeña, Mariví me llevaba al pueblo en donde no me costó hacer amigos. Pasábamos las horas del sábado jugando a la comba, al balón prisionero y al chocolate inglés.
Los domingos, la madre de Marivi preparaba chocolate con churros para desayunar y después paseábamos por los alrededores de su casa, había infinidad de campos sembrados o de árboles frutales, que en primavera se llenaban de colores rosas, morados, amarillos, blancos y verde, cientos de metros plagados de verde y de mariposas.

Reconozco que la ciudad no es para mí. Quiero decir, soy una mujer bastante cosmopolita pero qué queréis que os diga, se nace o no se nace y yo nací para vivir en un pueblo, rodeada de naturaleza, despertarme, abrir la ventana y oler la humedad de la huerta, sentir cómo todo fluye, sentir esa libertad de quien no tiene otra cosa que hacer que ocuparse de lo que verdaderamente importa, vivir.
Es el último día de un fin de semana en el pueblo con Laura, que para ser vegana, no había pisado jamás un huerto y yo ya me la imaginaba en minifalda y con tacones luchando por no caerse a un charco y llenarse de la cabeza a los pies de barro. Las últimas horas de libertad juntas, los últimos minutos de paz y tranquilidad.

-Cariño...
-Uhm... -Me contesta aún con los ojos cerrados tapándose la cara con las sábanas-
-¿Tienes hambre?
Había preparado chocolate con churros, tal y como preparaba los desayunos mi abuela, y sería lo último que haríamos allí, desayunar juntas. Llevé todo a la habitación y entre risas, recuerdos y demás repasé con nostalgia lo vivido durante ese fin de semana y el resto de mis fines de semana pasados.

Me gusta la vuelta a la rutina y por supuesto, no me gusta caer en ella. La vuelta a las clases ha sido dura, aunque nada que no arregle la sonrisa de cualquiera de mis chicos mientras me llenan la bata, la cara y las manos de acuarela. Soy esa vitalidad que le faltan a algunos cuadros para terminar de ser reales, llena de luz y de color.

Me gusta el arte surrealista, a pesar de que a veces me cuesta entenderlo. Y las fotos en blanco y negro.
Esas fotos que cuando las observas redescubres nuevos matices, nuevos colores, ¿Sabes a lo que me refiero? Me gusta cómo huelen los libros nuevos, y contemplar su degradación en mi estantería. Me gusta la música rock, y el silencio que deja en el ambiente cuando se acaba la canción.

Y me gusta mi vida, tal y como la siento.

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1 comentario:

  1. Estimado blogger,

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