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domingo, 22 de junio de 2014

Idoia: 5 Sensaciones

Nunca se me han dado bien las discusiones, quiero decir, ¿Sabes ese momento en que te gustaría parar el tiempo, rebobinar, dar marcha atrás y evitar que ocurra eso que la ha provocado? No me gusta la sensación incómoda al filo de la garganta, que te abrasa la campanilla -como la llaman mis peques de primero de infantil-, ese ardor que te seca el paladar, que te retrae la lengua y la inposibilidad de generar una pizca de saliva que sane un poco ese dolor mudo, ese grito que no llega a ser escuchado por nadie salvo por ti.
Es una sensación impotente, mientras escuchas a la otra persona gritarte, insultarte, bejarte incluso y mientras miles de martillos imaginarios golpean tus sienes, tú aguantas el tirón como puedes, como debes. Y cuando estás a solas rompes a llorar y las lágrimas que bajan por tus mejillas rompen con la tensión, y poco a poco logras tragar, y la quemazón va desapareciendo.

Hacía tantos años desde la última vez que me enfrenté a una discusión que casi había olvidado el tembleque de piernas mientras se aguanta cómo cae el chaparrón. Había olvidado el pellizco que te da cada una de las palabras, de los gritos, de los insultos. La sensación vulnerable que se siente por dentro mientras por fuera sacas pecho, y con agallas solventas la situación hasta que pasa la tormenta.

Es una sensación comparable a cuando crees que se está cometiendo una injusticia y no puedes hacer más que resignarte y verla venir... ¡Qué duro! Cuanta rabia aprisionandote el pecho, el estómago. Como sientes el pulso en tus muñecas al ritmo de un corazón desbocado, y ¿Para qué? Qué absurdo, ¿No? Si sabemos que no podemos hacer nada, ¿Por qué se nos activa todo eso por dentro?

O como cuando la vida te da un golpe tan duro arrastrando con ella a alguien a quien adoras, adorabas. Y crees que no es verdad, que te están tomando el pelo, que es una broma cruel, absurda y que no va contigo, que eso ya no te pasaba a ti.
Esa sensación de tocar fondo, de sentir el suelo, frío bajo tu piel, mientras tomas conciencia abrazándote a lo que te queda.
Y también sientes cómo te abrasa la campanilla, cómo se retrae la lengua, cómo, desde dentro, un grito a veces mudo, te desgarra la piel. Y de repente el latido de tu corazón se vuelve lento, soporífero y es como si se te obstruyese todo, la respiración se vuelve entrecortada y amarga.

Olga ha tenido un accidente de coche, un motorista menor de edad se ha saltado varios semáforos y al esquivarlo, un monovolúmen le ha golpeado en la puerta del conductor.
Los médicos dicen que fue inmediato, que no debió de sufrir.
Mi vida ha dado un vuelco de 180º y no sé muy bien cómo voy a afrontar la vida a partir de hoy.

Hoy he discutido con los padres del chaval, con la policía, con los médicos, con el mundo.
Hoy he sentido cómo se cometía la mayor injusticia.
Hoy, he tenido que presenciar cómo Mariví caía un pozo sin fondo, la vida ha arrastrado a su amiga, su pareja, su otra mitad. Al amor de su vida.

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