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lunes, 2 de febrero de 2015

Idoia: 8 Contar historias

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A mí a veces me dan unos puntos muy raros, el mes pasado me corté el pelo, cortito, no como el típico cliché de bollo a lo chico, como sin gracia. No no, la peluquera me dejó una forma la mar de mona.
A mi madre le gustó, decía que me daba un aire como muy juvenil, que estaba "muy majica". Laura cuando levantó la vista del móvil para saludarme en el bar casi se cae al suelo. No sé exactamente si por la sorpresa o por lo fea que estaba.

-¿Pero qué has hecho?

La verdad es que por detrás estaba bastante corto, casi con efecto máquina. Pero es que yo ya estaba harta del pelo largo, de la coleta, de salir a correr y acabar con el pelo empapado y enmarañado, que mi melena rizada es indomable y se enreda con sólo mirarla.

-¿Por? ¿Me queda muy mal? - Lo dije casi con miedo a que dijese que sí-
-A ti sólo te quedan mal los leggins esos que te pones para salir con la bicicleta.

No me jodió bien, digo, no me fastidió bien... Los leggins a los que se refiere ella es el culotte, que es largo y como todos los culottes, ajustado. Pero que conste que yo leggins no uso.
El caso es que ha pasado un mes y ya me ha crecido el pelo, es un incordio para todo, se me viene el pelo a los ojos, a la boca, cuando hago deporte, bueno, cuando hago deporte, la comida, doy clases...
No sé si volvermelo a cortar o esperarme un poco. Así que voy a casa de Mariví a ver qué opina.

-Hola mamá -Digo desde la puerta- ¿Qué tal? - Ya en su despacho y después de rodearle desde su espalda.-
-Aquí, trabajando en unas cosas.
-¿En qué, a ver? - Realmente, tiene un montón de fotos de Olga y de ella, desplegadas en la pantalla del ordenador, y un editor de vídeo abierto.-
-En realidad no es nada, quiero hacer vídeo de esos chulos, con música y fotos, pero hay demasiadas y no quiero que dure más de cinco minutos.
-Tienes que ponerle menos tiempo a las diapositivas, y si añades esto -manejo el ratón y voy haciendo- ¿Ves? Ahora dura tres minutos y medio .
-Entonces puedo poner alguna más. Menos mal, porque muchas se van a quedar en el tintero.

Mariví tiene los ojos de haber llorado, pero sonríe. Se levanta y vamos juntas a la cocina, prepara café y nos sentamos en el comedor una frente a la otra como cuando era pequeña y con las piernas tipo buda la miraba fascinada mientras me contaba historias.
Ha cambiado para bien, ya hace cinco meses desde el accidente de Olga y parece que remonta un poco. Le cuento sobre el cole, los niños y por último sobre mis últimos artículos en el periódico. Es una sensación extraña, ahora la que cuenta cosas soy yo.

He de reconocer que desde siempre me ha gustado contar historias, creo que es la mejor herencia que me ha podido dejar. La pasión por escribir, por contar y transmitir.
Me recuerdo leyendo para todos, en el club de lectura, 'La historia interminable'. Ya por entonces escribía cuentos cortos, relatos y dibujaba cómics caseros. Con el tiempo y la posibilidad de autoeditar algunas de esas historias han trascendido a la red.

Después de haber pasado más de cuatro horas de charraeta, me recoje Laura, teníamos pensado ir a un restaurante árabe para cenar pero hoy no trabajamos en la redacción y me apetece quedarme en casa, tirada en el sofá, tapadas hasta casi las orejas.

-¿Y si pasamos del árabe?
-¿No te apetece?
-Ahora mismo no, pedimos algo.
-Como quieras, a mí me da igual.
-Hecho -Sonrío como si se me fuese a salir la sonrisa de la cara.- Gracias peque-

La relación con ella va viento en popa, estamos cada vez más seguras de lo que somos, de cómo lo somos y de los proyectos que tenemos en común y por separado.
No planeamos vivir juntas porque no lo necesitamos, tan pronto vamos a casa de una como que acabamos en casa de la otra. Ambas creemos importante mantener nuestro propio rincón.

Por su parte, pronto acabará su tiempo de becaria y si todo va como tiene que ir se reincorporará a la plantilla, con un sueldo miserable, eso sí, pero tampoco necesita mucho más para vivir.
La suerte, es que tiene el piso practicamente pagado desde que recibió una pequeña parte económica de herencia de una propiedad que tenía su padre. Laura perdió a su padre cuando tenía dieciséis años y ha sabido entender todos mis miedos, todas mis fobias.
Por la mía, tengo dos empleos fijos en los que de momento, hago falta y aunque no tengo nada que pagar, sí muchos vicios que costear. No me va mal.

En la redacción poco a poco los compañeros se van enterando de lo nuestro, aunque no es algo que nos importe demasiado, aquella noche en la que me presenté hecha un asco dio mucho que hablar y además era inevitable que tarde o temprano se supiese. Somos cuatro gatos en general muy bien avenidos. De los que cotillean cuando te llega un mensaje o tienes una llamada.

Además, con esto de que en unos meses sale publicada mi primera novela juvenil hemos hecho piña promocionando en la sección de cultura y en las redes sociales y ha sido más difícil evitar miradas, sonrisas e incluso soltar algún vida, cariño, amor...
Sí, parece que por fin voy a contar historias a otro nivel, y estoy como un niño en la noche de reyes pensando qué me deparará. Puede ser un éxito o un fracaso rotundo pues una de las protagonistas de la novela mantiene en secreto su condición sexual y ya sabemos cómo son algunos padres y la sociedad en general con estos temas, pero era algo de lo que tenía que escribir.
Ya está bien de contar los mismos cuentos de princesas.


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