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miércoles, 11 de febrero de 2015

Idoia: 9 Tonterías

He discutido con Laura, por una tontería además. Resulta que me he gastado un dineral en un ipad para su cumpleaños y me lo ha hecho devolver.
Que si era un dineral, que si a ver para qué, que ella no necesita un ipad, que prefiere que me compre algo para mí, que no es plan, que mire usted como si estuvieran las cosas para gastar. Que ella con celebrarlo en casa con una fondue de chocolate y fresas se conforma.

-¿Pero tú te crees que esto es normal? ¿Estamos discutiendo porque te he comprado un regalo?
-Pues sí. Toma y devuelvelo.
-¿Pero...? ¿Pero...? Mira hasta luego.
He salido de su casa toda ofuscada, he bajado las escaleras con una rapidez digna de cualquier velocista en unos mundiales de atletismo y cuando he llegado a la calle me he echado a llorar, con el ipad en la mano que me han dado ganas de escacharrarlo contra el suelo y pisotearlo a golpe de taconeo flamenco.
Encima, el chocolate y las fresas sí que se han quedado arriba.

Del cabreo he llegado a casa andando sin acordarme de que había ido en coche. Después de darme una ducha más fría que caliente he llamado al chino y he cogido de todo: ternera con salsa de setas, pollo al limón, espaguetis con ternera, arroz con verduras, ensalada china y rollitos de primavera. ¡A la mierda mi vida vegetariana!
Después me he sentido fatal, pero me he hartado a comer y a llorar a partes iguales viendo un dramón por la tele de estos típicos de parrilla televisiva dominguera.

De pequeña, ya lo he dicho alguna vez, también me daba atracones de comida para calmar mi ansiedad, mis enfados, mi todo vamos.
Cuando me quedé sola con mi padre arrasé con practicamente todo lo que había en la nevera, luego él me pegó uno de los mayores palizones que recibí antes de fugarme de casa.
Creo que siempre he huido un poco de todo, de mi madre, de mi padre, de mis hermanas, de mis amigos en el colegio, de los de la universidad... Hasta que aprendí a gestionar mis emociones con la ayuda o no, de mi terapeuta.
Ahora, suelo salir a correr o con la bici y pegarme al menos 30Km a todo tren. Pero hoy no.

Tengo varios whatsapp de Laura que no he contestado, estoy tan cabreada que podría mandarle al carajo...
Recibido a las 15:10
-Vida, lo siento, me he pasado por una tontería.
Recibido a las 15:20
-Dime algo, de verdad que lo siento, no tenía que haberme puesto así y menos contigo. Estoy triste, no suelo celebrar mis cumpleaños. Me acuerdo de mi padre y...
Recibido a las 16:00
-Idioia...

Procuro recomponerme, me cambio de ropa, salgo de casa y le llamo.
-Dime.
-No sé... ¿Me has leido?
-Sí, ahora, hace un rato.
-Pues eso.
-Eso qué.
-Joé Idioia, eso. Que lo siento, me he pasado.
-Ya.
-¿Cómo que ya?
-Pues eso Laura, que eres una esagerada, te pones enseguida muy a la tremenda, sin ton ni son. Se te nubla la vista o yo qué sé. No piensas, ¿No querías el ipad? Bueno pues vale, se cambia y ya está, pero...
-Ya, ya lo sé.
-Ya lo sabes, pero es que de verdad te lo digo, no sé para qué te compro nada, siempre te pones en plan refunfuñona, cuando no le sacas una pega le sacas tres.
-Ya.
-¿Y tú lo ves normal? ¿Tienes que ser siempre tan complicada?
-No sé.
Suena el timbre de su puerta.
-¿No abres?
-Estamos hablando, ¿No?
-Anda ve y abre.
Cuando abre la puerta y la veo comprendo por qué estoy con ella, por qué todas sus manías, todas sus tonterías me parecen tan absurdamente maravillosas y por qué me veo compartiendo el resto de mi vida con ella. Sonríe y esa sonrisa me deshace. Sé que ha estado llorando, tiene los ojos enrojecidos y dos hileras negras recorren sus mejillas testigos de que el rimel ha llegado hasta su barbilla.
-Eres más boba - le digo al fin-.

Nos fundimos en un eterno abrazo, de esos en los que no piensas que deban de terminar nunca, de esos abrazos en los que te fundes con el otro y respiras su olor, pero también cada uno de los sentimientos por los que está pasando.

Al cabo, cierro la puerta con la pierna mientras caminamos besándonos hacia el dormitorio y allí las dos mujeres dándose el lote que me recibieron la primera noche yendo yo un poco perjudicada por el alcohol nos reciben desde la pared.
Laura es rápida, más de lo que yo podré llegar a ser en tres vidas más. Enseguida consigue quitarme el abrigo, y casi inmediatamente está rozando mi piel en busca de su siguiente presa, el sujetador.
Y después de ahí me apresuro, y tengo que ir deprisa si quiero adelantarme a su siguiente movimiento y es que es realmente rápida.
Por suerte para mí, ella va en pijama y cuando quiere darse cuenta soy yo quien me he perdido entre su pecho y su ombligo. Me pierdo hasta el punto de hacerle gritar y arañarme con saña la espalda. La tengo.

No sé exactamente cómo ni cuándo se zafó de mí y me atrapó subiéndose a horcajadas sobre mí, entre sus piernas. La cosa no había hecho más que empezar.
Acabamos extasiadas de placer, y de amor, qué coño. Cuando salimos de su cama y después de pasar por la ducha, nos pusimos ciegas de fresas con chocolate riéndonos de todo y de todos.

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