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sábado, 14 de febrero de 2015

Tal día como hoy, hace 19 años...

Tal día como hoy, 14 de frebrero, hace 19 años a eso de las 8:00h me hiciste crecer tanto que casi duele más ahora que con 9 años. Sigo echándote de menos...

Y no sé exactamente por qué, cuando contesté la llamada de mi tío e iba caminando por mi calle hacia la parada de autobus por ver si todavía mi madre no se había marchado a trabajar, lo sabía. Yo ya sabía que no estabas y quizá por eso salí de casa para decirselo aunque no me atrevía a creermelo.
 Y aún recuerdo las palabras de mi padre:
-Chica, vete a trabajar, que querrá alguna pala o una hoz, ahora cuando llegue le llamo.
Y cuando llamó fui a mi cuarto y le escuché decir...
-Vaya, pues... -Con ese tono seco, parco en palabras, con tristeza en su voz-

En ese momento crecí, crecí tanto que terminé de vestirme y fui al colegio, aún recuerdo que una de las chicas estaba muy contenta porque al día siguiente era su cumpleaños.
Y recuerdo que Inmaculada, mi profe de tercero, olía a mandarinas, y sus risas por el pasillo con Mª Carmen. Y aún cuando estaba colgando mi mochila y mi abrigo que llegó una de mis primas preguntándome si era verdad y yo se lo dije como un adulto afrontaría una pérdida. Y nos fuimos de clase, del cole.

Y también recuerdo cómo me atreví a mirarte con las manos entrelazadas. Bella, aún después de todo, bella.

Tampoco sé exactamente por qué accedí a comer en casa de una vecina en lugar de en la tuya, en familia, pero volví y tus manos ya no estaban entrelazadas y me asusté como una cría que teme al hombre del saco.
También recuerdo las lágrimas de mi hermano entre sus:
-¿Por qué? Con lo buena que es...

Ese día no recuerdo si te lloré pero ese día, hace hoy 19 años aprendí a afrontar las pérdidas. Y recuerdo al sacerdote en tu despedida...

Llegué a odiarme por si acaso no había aprovechado cada momento contigo, comprendí que ya no habría más tardes en tu cocina esperando tus:
-Ya te daré la propinica hija mía, que aún no he cobrado.
Que ya no habría más tardes a la fresca en verano. Ni tampoco habría más domingos en la caseta. Poco a poco esas costumbres las perdimos, como hacer hoguera por San Antón...
Ni escucharía más a mi padre decir:
-Vamos al restaurante, a casa de la Tarsila.
O a ti:
-Mirar a ver esa chica que no va a dejarle carne a la manzana-Y yo, escuchándote encabronada, porque siempre me he encabronado con nada, pelándola la mar de bien-.
Tú, sentada haciendo la comida para todos, verdura para el Agustin porque es diabético, migas... ¡Aaaay tus migas con uvas!
Ya no habría más juegos en la entrada, en las mecedoras, dando clases de inglés encima de la máquina de coser. Ya no.

Con el tiempo aprendí a echarte de menos, a soñarte, a desear que hubieras podido servirme de guía y me aconsejases.
A sentirme protegida, cómplice contigo. A quererte sin estar y a quererte habiendo estado.
A ser tuya, a que estuvieras en mi día a día de alguna u otra forma, lo estás. Te nombro a diario en mi silencio y con eso puedo decir que eres parte de mí.

Te echo de menos, añoro cada día el haber podido pasar más tiempo contigo. Y desearía haberme equivocado aquel día cuando escuché ese:
-Sarica, ¿Está tu madre? Que tengo que hablar con ella.

Y en mayo, en mi comunión yo quise haberte nombrado, haberte dedicado algo, pero por lo visto, todos se hubieran puesto tristes y no me dejaron. Pero joder, ese día querría que hubieras estado conmigo, a mi lado, cerca de mi, celebrando mi alegría, porque por entonces, comulgar era dar un paso más, era como madurar.

Con el tiempo, en mi trabajo, me he dado cuenta de cuántas cosas me he perdido, nos hemos perdido. Y nuevamente vuelves a mí intentando rebuscar en mi memoria de niña, nuestros momentos.
Como aquella noche que me dormí en tu sofá, y me tapaste con la funda. Y el miedo que me han dado siempre las habitaciones de arriba, sobretodo esa que sube al granero...

Dicen que te fuiste durmiendo, y deseo que así fuera, que fuese rápido y no te doliera.
A veces, me cuesta no imaginarte de otra forma. Como cuando en la cocina alguien decía:
-Ya se ha dormido la mama -Acentuando la primera a-.
Y te despertabas diciendo:
-Si os escucho eh, me estoy enterando de todo.

Creo que nunca me había atrevido a escribir sobre aquel día de hace 19 años, pero hoy, con casi 28 años y la cabeza más o menos amueblada me apetecía dedicarte unas palabras y, nos imagino a ti y a mí, en tu cocina, mientras tú me escuchas leertelas.

Como he dicho ahí arriba, no sé si te lloré, pero ahora, mientras escribo, lloro por ti, por mí, por haber crecido sin ti, por esa sensación de haber perdido mi tiempo contigo, por los recuerdos, por tu sonrisa, por tus migas, por todas las veces que te he podido haber necesitado, por el destino, por el tiempo, por la vida. Por mi madre, tu hija.

Tal día como hoy, hace 19 años me hiciste crecer, y hoy, he vuelto a mi niñez. Te quiero abuela, hoy y simpre, en la forma y en el modo que la vida, me lo permite. Te echo de menos.

Termino diciendo que, para quien pueda haber leido hasta aquí, pidiendoos que cuidéis las relaciones, que el tiempo es finito y que, como dije cuando se fue Alice, todo el tiempo del que disponemos es ahora.

Os dejo unas fotos familiares que he rescatado del albúm

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