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sábado, 7 de marzo de 2015

Noche de luna llena

Marta siempre había un poco lunática. Las noches de luna llena le alteraban, no dormía bien y cuando se despertaba solía coger una manta, acurrucarse en el sofá y mirarla, como hipnotizada. Aunque eso era antes de conocer a Noelia.
Sí, porque ahora, cuando se despierta, ella suele despertarse también y no hay luna llena hipnotizante que frene ese instinto tan básico, tan sexual que crece en ella cuando, entecerrando los ojos le mira, que aún con la escasa luz que se cuela por la ventana puede ver cómo le brillan los ojos.

-¿Todo bien?
-Uuuuhm... -Decide levantarse para intentar evitar caer en sus brazos.
-¿Me puedes traer un poco de agua?
-Claro.

Y casi como una autómata, Marta se agacha y le da un beso, sutil, casi imperceptible, pero jodidamente húmedo, apetecible, tierno y salvaje a la vez.
Y la sostiene ahí, haciendo del beso una eternidad. Está perdida y lo sabe. Sus lenguas se cruzan en una especie de danza antigua, conocida.
Noelia la atrae hacia ella y aunque no lo necesita para llegar hasta su piel, termina pronto por deshacerse de la camiseta ancha que Marta usa como pijama. El sólo contacto de su mano en su espalda la hace estremecer.

Marta se puso encima y la danza se tornó exageradamente salvaje, frenética. Un baile para nada improvisado y Noelia no tardó en llegar al orgasmo. Pero eso no le hizo parar. Bajó y se colocó entre sus piernas, sujetándole por la pelvis con el brazo, para dedicarse al mejor festín que puede dedicarse una mujer lesbiana.
Marta podía notar cómo el clítoris palpitaba al ritmo de su lengua y dos dedos se resbalaron hasta dentro, sólo dos. Entraban y salían tímidamente, aumentando el ritmo de la respiración poco a poco hasta convertirse en un aullido de jadeos interminables.
-Joder...

Marta la miraba desde ahí abajo y disfrutaba viendo cómo Noelia llegaba a su segundo orgasmo al tiempo que le daba pequeños mordiscos en el labio, en el muslo, en el pubis, en el ombligo, en la barbilla y volvieron a fundirse en un beso eterno. Tan sólo interrumpido por los jadeos de ambas.

Noelia tiró con cuidado pero decidida del pelo de Marta. Su asalto empezaba ahora. Consiguió zafarse, y colocarla boca abajo, recorriendo su espalda, haciendo que la piel protestase y mandase ese cosquilleo de todo el cuerpo a su estómago.
Luego la giró y se entretuvo mordisqueandole los pezones, después bajó para hacerle el mejor cunnilingus que ninguna otra mujer le había hecho jamás, ni la propia Noelia.

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