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miércoles, 1 de marzo de 2017

Va de yayos: Paco -0-

Querido Paco, tú que estás ahí como sin estar, siempre callado, como ausente, has de saber que yo te tengo especial cariño y que fuiste mi debilidad desde niña.

En mi memoria quedan algunos momentos cuando éramos vecinos y gustosamente nos abrías la puerta a mi hermano y a mí, y hasta nos calentabas un poco de sopa si mis padres aún no habían vuelto del trabajo para el medio día.

Te extraño. Echo de menos aquella chispa de vitalidad que tenían tus ojos, y aquella sonrisa que tenías siempre plantada en la cara, esa que desapareció hace mucho tiempo.

Estás en tu silla de ruedas y cada tarde al empezar mi turno te abrazo con la fuerza de una niña de 8 años que se niega a admitir que la demencia te ganó la partida hace ya 10 años.
Que nadie me pregunte por qué, pero sé que dentro de ese envoltorio queda algo de mi vecino Paco, ese con el que se podía hablar de cualquier cosa, una tarde cualquiera sentada en aquel sillón orejero que tenías en la sala.
Leías, te gustaba el arte y me ayudabas con las matemáticas. Eras activo mentalmente y físicamente hasta que murió Dorita, entonces pasaste un tiempo de depresión, dejaste de leer y te refugiaste en ti mismo, dejaste de dar largos paseos por el monte, de ir a la compra y de cocinar. Te dejaste, Paco.
Tú que siempre nos habías dicho eso de ¡niños! Hay que moverse, si queréis que algo suceda, hay que salir ahí afuera a buscarlo donde quiera que esté. Con energía, llueva, nieve, granice o caiga un sol a 40º a la sombra. La suerte no se encuentra, se busca.

Cada día saco de mi bolsillo una chocolatina que no tardas en devorar mientras yo leo las incidencias de la mañana. Es nuestro momento "contra bando".

Hoy te tocaba ducha, lo cuál no te gusta demasiado, sueles ponerte nervioso y me he llevado un manotazo extra. Para compensar, te has dejado afeitar y cortar las uñas como un campeón. Gracias por ello.
Y te he notado más delgado. Noto que estás perdiendo masa muscular a pasos agigantados.
Maldita enfermedad, te estás consumiendo.

Hoy he traído música de vuestra época y pongo ese bolero que bailabas agarrado a Dorita en las fiestas del pueblo, ese en el os convertíais en la pareja más tierna de toda la plaza.
-Oye, ¿sabes qué? El otro día me acordé de Dorita, le regalé a mi madre una plantita de esas que tanto le gustaban a ella, esa que como se nos ocurriese darle un pelotazo ya podíamos correr para que no nos tirase de las orejas, ¿cómo es que  se llama? La de las flores violetas, bueno, es igual. Hablamos de ti, y de ella, de sus ojos verdes con aquellas manchitas de color gris. De su tez sonrojada y sus tirabuzones rubios. Y de su sonrisa, ¡qué sonrisa tenía tu Dorita! No me extraña en absoluto que te enamorases perdidamente de ella, bueno, ni ella de ti, que tú eras todo un galán y sólo tenías ojos para ella.

Y ahí estás, de repente en tus ojos aparece una tímida chispa, puedo sentir ese pequeño escalofrío que acabas de sentir y cómo tu piel acaba de erizarse y tarareas tímidamente el estribillo mientras mueves la mano como si fueses un director de orquesta. Bienvenido Paco, te he echado tanto de menos.

1 comentario:

  1. Buena entrada, me gusta tu forma de escribir. Si necesitas algún consejo estoy por www.exlibric.com ¡Saludos!

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