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miércoles, 20 de junio de 2018

Si tú no sabes nada de ella...

Hoy voy a tirar una lanza a favor de Amaia Montero, la cuál parece ser que está dando mucho que hablar por un vídeo que circula por las redes de su primer concierto de gira en el que, según cuentan quienes lo grabaron, estaba borracha como una cuba.
Además, por si fuera poco, en el programa de Juan y Medio se le olvidó la canción. Esos lapsus pasan, aún recuerdo yo cuando tuve un micro sueño hablando con mi pareja y le contesté por peteneras, que ella se quedó tóh locáh. En su caso, el inconveniente es que le veían miles de personas.

Como inciso, debo de confesar que me me chifla, nacidos para creer, en el que se le ve como presidiaria. ¿Presidiaria de qué? De los "valores" sociales, de los esterotipos, de los comentarios hirientes, de todos aquellos que hablan sin saber qué, cuándo y por qué, a todos esos a los que nadie les ha dado vela en ese entierro... Y cuya letra puedo identificar con ese vídeo y con lo que voy a escribir.

Porque, vamos a ver, ¿Quién no ha ido al curro un día o dos de resaca, o sin haber dormido o descansado como tocaba?
Porque esa posible falta de profesionalidad, puede subsanarse, puede volver a celebrar otro concierto y dar lo mejor de sí misma.
Y otra cosita... ¿Acaso el ser personaje público, el ser artista le hace ser representante del buen hacer? ¿Tienen que ser perfectos? ¿Pueden ser humanos y tener un mal día, una noche de borrachera, un atracón de dulces, un traspiés...?

A mí el vídeo de ese concierto, sinceramente, me da la vida, es ver a Amaia tan jodidamente a gusto, con esa chispa que me dan ganas de tomar la misma mierda que se haya tomado, si es que acaso la tomó. Que lo mismo lo único que pasó fue, como ella dice, un problema de falta de ensayo, que no se oía y blablabla.

Que no quiero yo decir con todo esto que esté bien que no haya acudido a su puesto de trabajo, a un concierto, en plenas facultades, ni que pueda servir como precedente... Pero ¡Joder! Un poquito de manga ancha que no iba a diseccionar un tumor cerebral, ni tampoco iba a apagar un fuego en un edificio lleno de niños.

A ver si con la llegada del buen tiempo, el terraceo, el cerveceo, el trasnochar y el colegueo veraniego nos da esa chispa que a veces le hace tanta falta a la vida y nos metemos cada uno en nuestro entierro, porque al fin y al cabo, ¿Quién sabe nada de quién?

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