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domingo, 17 de febrero de 2019

De pequeña sufrí acoso

Hoy me desnudo y os voy a contar que de pequeña sufrí acoso. Leed hasta el final.

Me recuerdo en la guardería corriendo detrás de los otros niños al grito de ¡Gilipollas!, ¡Cabrón! Persiguiéndoles porque me habían llamado gorda, o algún otro sinónimo.
La cuidadora se reía, se despollaba la tía.

De pequeña me daba vergüenza comer delante de otros niños.

Había dos pandillas, e intenté estar en las dos, a temporadas, los unos me daban de lado y para los otros, digamos, que era una extraña. O me sentía una extraña, qué sé yo. Ellos ya eran una piña.

Aprendí a estar sola, no salía al recreo y me quedaba leyendo en clase. Incluso en preescolar, me hice la dormida más de una vez para no tener que salir al patio.

Con el tiempo, volví y me fui del grupo en distintas ocasiones.
Unas navidades, preparé unas postales hechas por mí y las repartí en clase, creo que era en 3º, me faltó para alguien y le dije: mañana te traigo y escuché un comentario de alguien del tipo: total es una mierda que ha hecho ella en casa. Súper despectivo.

Otra, estuve unos días enferma y me trajeron los deberes a casa. Entraron varios y me sentí bien, luego, descubrí que habían robado algo de mi habitación.

Otra vez, mi hermano vino de clase y se escondió porque llevaban días, chicos y chicas buscándome las cosquillas, cuando vinieron, él salió. Se fueron corriendo y luego volvieron diciendo que no sé qué adulto quería que fuésemos a su casa, a ver qué era eso de que mi hermano siendo más mayor les amenazase. Fuimos y él le dijo algo como que no iba a dejarme sola contra todos ellos.

En 1º de la ESO en el Instituto organizaban una fiesta por primavera o no sé qué mierda, en el despacho de la jefa de estudios le recriminaron a mi madre que fíjese usted que su hija es la única que no viene de su clase. A lo que mi madre, con total serenidad le contestó: ¿Le habéis preguntado por qué no quiere quedarse? Aún resuena el zasca en mi cabeza.

Yo a secundaria llegué con una capacidad de resilencia de la hostia y por entonces me la sudaba todo bastante ya así que digamos que el acoso me hizo más fuerte y quizás mejor.

Pero resulta que una vez también fui verdugo. No lo recordaba pero en facebook, hace unos meses, me salió »personas que quizás conozcas« una chica a la que recién llegada al pueblo, le puteamos una o más veces.

Y le escribí pidiéndole disculpas, aunque hubieran pasado 20 años o más.
Me interesé por ella deseando que aquella experiencia no le hubiera causado mayor problema que un disgusto infantil. Me respondió agradeciéndome las disculpas, diciéndome que estaba todo olvidado y deseando que todo me fuera genial. Y yo hasta respiré aliviada.

El acoso no entiende de bandos, los dos son malos.

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