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sábado, 2 de febrero de 2019

Va de yayos: Lucía -0-

Lucía tiene Alzheimer, es una señora físicamente, en apariencia, joven. Mide como metro sesenta, es rubia y tiene unos ojos realmente expresivos.

Habla, por lo general y si no le insistes en que coma algo que no quiere, en voz baja. Si le explicas qué quieres hacer, colabora de buena gana. Le gusta el dulce, el chocolate, el café con leche y la gelatina.

La pasada Nochebuena me pasé por su planta, quería hacerle una visita sin uniforme. Y es que además, hasta puedo decir que echaba de menos una conversación con ella.

Hace unos meses, hubiera estado andando de aquí para allá, hablando a la nada, recitando algo como si fuera un mantra.
Simplemente andaba, y a veces, yo andaba con ella, y hablábamos de todo y de nada, más bien de nada, pero que era un todo, no sé si me explico.

Pero ese día me la encontré sentada, tranquila, con la cabeza gacha, como si estuviera pensando en sus cosas.

-Hola
-Hola
-¿Qué tal estás?
-Pues bien.
-Me alegro, estás muy guapa hoy.
-¿Y tú?
-Yo bien también.
-¿Me quieres?
-Pues claro que te quiero. ¡No te voy a querer!
-Y yo.

Los ojos vidriosos y la voz casi temblorosa se unieron a nuestra conversación.
Y me dio por pensar qué clase de recuerdo el Alzheimer le había llevado en este momento.
Quién creía que era yo.
Hasta qué año se había transportado.
Qué situación estaba viviendo.
Fueron unos microsegundos que dieron mucho de sí e incluso, se me erizó la piel.

-He visto a tu chico.
-¿A mi chico? ¿Y qué tal le has visto?
-Bien, majo.
-¿Está majo verdad? Estamos todos muy bien.
-Sí.
A veces, está muy bien decirles y recordarles que está todo bien, que no tienen de qué preocuparse.

Se le notaba todavía emocionada, y por un instante parecía que iba a acabar llorando así que se me ocurrió salir del paso inventándome algo que, por otra parte, podría ser perfectamente real.

-¿A que no sabes qué me ha pasao?
-¿El qué?
-Que miro el calendario y digo: ¡Toma! ¡Si hoy es Nochebuena!
-¿Ah sí?
-Sí, ¡Y no tengo nada preparao!
-Anda...
-Así que menos mal que la pescatera ha abierto hoy porque no tengo ni langostinos ni nada.
-Ah...
-Ahora me iré a ver si hago la compra.
-¿Voy contigo?
-No hace falta, yo hago las compras y vengo.
-¿Vienes?
-Sí
-Hala pues dame un besico.

Nos abrazamos, y yo también sentí »cosas«, no sé si fui su hija, su hermana, su madre o su prima la del pueblo, pero por un momento, »fuimos«.

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